Por el gran amor del Señor no hemos sido consumidos, y su compasión jamás se agota. [23] Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad!
Lamentaciones 3: 22-23 NVI
El libro de Lamentaciones se enmarca en un panorama trágico de juicio y, humanamente, profundamente oscuro.
En un escenario así, ¿cómo es que un profeta como Jeremías es capaz de decir que cada día se manifiesta la misericordia de Dios?
Todo depende de la óptica con la que miremos la vida. El pueblo de Judá era un pueblo que tenía la verdad revelada de Dios para ese tiempo y la posibilidad de tener una comunión con Dios para ser a su semejanza; pero vivían con corazones alejados de todo esto y ensimismados en sí mismos. Aunque, al presente, todo parecía ser juicio merecido, lo que realmente Dios estaba haciendo era usar todo este caos para que reaccionaran y se despojaran de todo ídolo, dándoles la oportunidad de volver a Él de todo corazón.
Entender a Dios nunca lo conseguiremos, pero Dios se nos revela con un deseo profundo de que seamos dichosos a este lado de la eternidad, como preparación hacia el otro. Y la dicha no consiste en que nuestros planes o nuestra hoja de ruta se realicen; la dicha, a este lado de la eternidad, consiste en ser transformados a la imagen de Jesús.
Por ello, en muchos tratos, disciplinas e incluso juicios de Dios sobre nosotros, siempre habrá un sentido de misericordia, pues, si sabemos ver su mano bondadosa y providencial en todas las cosas, descubriremos que eso que estamos viviendo nos estará rescatando de nosotros mismos.
Así que, en medio de los procesos de Dios, como los que Jeremías vivió y de los que fue testigo, nunca dudes de que su misericordia está obrando a través de ellos.
