En aquel tiempo Jehová dijo a Josué: Hazte cuchillos afilados, y vuelve a circuncidar la segunda vez a los hijos de Israel.
JOSUÉ 5:2 RVR1960
La generación de Josué ya había cruzado sobrenaturalmente el Jordán y tenían delante las murallas de Jericó y después toda la tierra prometida.
Pero Dios, en vez de decirle que envainaran las espadas, les dijo que se hicieran cuchillos para circuncidarse.
Dios sabe lo que hace y dónde realmente necesitaba la victoria su pueblo, y no era en otro lugar que en su corazón.
Por ello debían obedecer esta orden de circuncidarse en su edad adulta como señal del pacto, pero que se debía reflejar en una obediencia en fe, amor y alineamiento con la voluntad de Dios.
Este patrón lo he visto también en vidas, pero concretamente en congregaciones que van a entrar a una nueva estación de conquista; de pronto vienen pruebas inesperadas y fuertes de donde menos lo esperas, que tienen el motivo de definir, alinear y separar la carne del espíritu, lo cual es la representación de la circuncisión.
Ya en Apocalipsis, la Iglesia de Esmirna vivió esto; iban a tener una prueba operada por el mismo Satanás, pero si se alineaban y aprobaban, recibirían una mayor autoridad en forma de corona de vida.
Cuando los corazones se alinean con la verdad y aprueban estos procesos de circuncisión, ven cómo Dios va delante y pelea por ellos, derribando las murallas sin tener ni que tocarlas.
Creo que en este tiempo Dios está preparando a su pueblo en nuestra nación, con circuncisiones de diferente índole; aquellos que estén dispuestos a confiar en Dios a pesar del dolor, no se quedarán en los vados del Jordán, sino que pondrán sus pies en la tierra de las promesas de Dios.
