El alma del que trabaja, trabaja para sí, porque su boca le estimula.
PROVERBIOS 16:26 (RVR1960)
La pereza e indisciplina son enemigos fuertes, pero, como vemos en este proverbio, existe algo más poderoso capaz de vencerlas: "el hambre".
Pero no solo el cuerpo tiene hambre; nuestra alma también está diseñada para ser alimentada de significado, eternidad y trascendencia. Por ello, es capaz de mover todo nuestro ser y voluntad para saciar el hambre de identidad, éxito, riquezas, aceptación, imagen, seguridad, salud y todos los vanos sueños que ella se proponga alimentar.
Cuando esa hambre es fuerte en nuestra alma, nos puede llevar a trabajar sin descanso e incluso en labores humillantes, pues nada como el hambre para cegar nuestros sentidos emocionales y espirituales. Si no, que se lo pregunten a Esaú cuando venía de cazar y, por un plato de potaje, dejó perder los propósitos de Dios en su vida.
Debemos parar en nuestras ajetreadas vidas, alejarnos del ruido que no nos deja pensar ni profundizar, y preguntarnos delante de Dios: ¿de qué tenemos hambre realmente?
El hambre equivocada nos llevará a agotarnos y a volver a tener sed una y otra vez.
Jesús nos invitó a trabajar por una comida que permanecerá incluso en la vida eterna. Te animo a buscarla, a tener hambre de lo que no se va a quedar en esta tierra y a no decepcionar a tu alma trabajando para falsas comidas que te dejarán tan insatisfecho como dejaron a Esaú.
