"Pero os rogamos, hermanos, que reconozcáis a los que con diligencia trabajan entre vosotros, y os dirigen en el Señor y os instruyen."
1 Tesalonicenses 5:12 (LBLA)
Uno de los peores errores que podemos cometer es subestimar las pequeñas acciones que, a veces, parecen imperceptibles.
Dios nos ha creado con un sentido de recibir influencia rápidamente y ser modelados observando a otros.
Una congregación es como un hormiguero donde no para de haber un movimiento, en un sentido u otro, de todas las personas que la componen.
Aun los que tenemos la encomienda de dirigir más visiblemente no siempre nos sentimos con las fuerzas y el tono que nos gustaría.
Pero no son pocas las veces que, como una bocanada de aire fresco y un levantarse de mi ánimo y corazón a seguir sirviendo con esfuerzo y alegría, ha venido gracias al ejemplo y la actitud de muchos que me rodean. Ver cómo ponen todo el corazón, aun cuando se trata de mover una silla, de atender a otros, de preparar un campamento, estar en pie temprano en la oración, asistir a una reunión de grupo familiar en medio de una dura semana, etc.
Son innumerables los recuerdos que, a lo largo del camino, me han alentado a hacer mi labor como el Señor lo merece.
La mayoría de las veces, estas personas no han sido conscientes del poder de su influencia. Por ello, toma conciencia de cómo caminas y vives tu servicio en el hormiguero, pues puedes estar inspirando a un pastor o incluso a una generación entera. Y, por si todo esto fuera poco, hay unos ojos que lo ven todo y que no dejan sin recompensa a aquel que honra a Dios en lo público y en lo secreto.
