Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para vosotros en Cristo Jesús.
1 Tesalonicenses 5:18 LBLA
El Creador del universo y de nuestro cuerpo nos deja consejos como este para que cultivemos nuestra alma y voluntad en ellos.
Pero, como toda acción de lo invisible se manifiesta en lo visible, la ciencia corrobora lo que ocurre en una persona agradecida:
Dar las gracias activa el sistema de recompensa cerebral y reduce el estrés. Se libera dopamina (placer) y serotonina (bienestar), mientras disminuye el cortisol. A largo plazo, esta práctica repetida fortalece, mediante neuroplasticidad, regiones clave como la corteza prefrontal y el hipotálamo, mejorando la regulación emocional y la resiliencia. Nuestro cerebro coordina varias redes neuronales y regiones clave para generar una respuesta de bienestar integral.
Sabiendo esto y estando rodeados de una sociedad que nos invita a la ingratitud e insatisfacción, nos conviene cultivar la gratitud diaria como parte de nuestra razón de ser.
Pero el porqué la gratitud nos hace bien y es ordenada para el creyente reside en que expresar gratitud en todo, como nos dice el texto, reflejará un alma que ha entendido la soberanía y bondad divina, que ha entregado el hecho de no poder controlar todas las cosas y a las personas que le rodean, pero que el sabio y buen Dios, al que puede llamar Padre, tiene la última palabra sobre todas las cosas y usará todo con un fin mayor y eterno del que nosotros podemos comprender.
Cuando eso está arraigado en el alma de un hijo de Dios, ¿cómo no va a salir la gratitud continuamente de sus labios? No dándole categoría de cosas buenas o malas a lo que nos ocurre, sino de cosas necesarias y provechosas para nuestro bien.
¿Está la gratitud integrada en tu vida?
