“Para que todos sean uno así como tú, oh Padre, en mí y yo en ti, que también ellos lo sean en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste."
Juan 17:21 RVA2015
Uno de los elementos vitales que mantendrá una congregación unida será el entendimiento y la intención de los padres de la casa y la amplitud o estrechez de corazón que estos tengan. Elias dejó un claro ejemplo de esto. Aunque él como profeta estaba ministrando en el reino del norte "Israel", cuando convocó a los líderes, los falsos profetas y a la nación para confrontarlos y demostrarles quién era el verdadero Dios, el texto nos dice lo siguiente: Elías tomó doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, a quien le vino palabra del SEÑOR diciendo: “Israel será tu nombre”. 1 Reyes 18:31. Él tenía amplitud de corazón como la que Dios tiene, el veía al pueblo de Dios como Dios lo ve, su frontera no estaba en aquello que solo estaba bajo su responsabilidad y dónde tenía la oportunidad de mostrarse y verse la efectividad de su ministerio, su deseo y amor por el bien de Dios era para todas las tribus de Israel a las que se les había dado la promesa y que provenían de Jacob. Los responsables y ministerios de una congregación que solo pelean y luchan por la parte del barco en dónde están llamados a trabajar, no sintiéndose responsables por lo que pueda estar ocurriendo en otras partes de la congregación y lo que otros ministerios puedan estar viviendo, demuestran no tener un corazón tan ancho como para provocar y mantener una gran unidad. Pero bienaventurada la congregación de corazones que como Elías, aún estando en una sola parte sienten el barco como suyo y saben que una abertura de agua en otra parte es un problema para todos y siempre construirán por esa unidad que trae protección contra la tormenta.