Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo».
Hebreos 12:6 NBLA
Esta es una de las imágenes de Dios que más nos cuesta aceptar: "Un Dios que azota y disciplina". Nos gusta quedarnos con la imagen de un Dios bonachón y que nos ama tal como estamos, pero quedarnos ahí es no haber entendido qué es el amor.
El verdadero amor tiene que ver con colaborar activamente para que la vida del amado llegue al punto más excelente y donde su vida pueda ser verdaderamente plena. Ese lugar se llama Dios y su voluntad. Todo lo que haga que no cumpla ese objetivo no se corresponde con amar verdaderamente, y es ahí donde Dios activamente se involucra con sus hijos. Él conoce nuestro corazón, ídolos, torpezas, inclinaciones y debilidades por aparecer en el futuro. Él no está interesado en que tengamos un presente feliz si finalmente seremos destruidos o dañados en el mañana al no haber crecido e ido en la dirección de la voluntad de Dios. Por ello, aprovechará cada circunstancia o situación para disciplinarnos, si es necesario, y azotarnos si llegamos a necesitarlo.
Todas esas cosas que muchas veces nos gustaría que cambiaran y que creemos que nos están fastidiando el día o la vida pudieran estar siendo de ayuda para trabajar en lo más profundo de nosotros y cambiarnos para encontrar ese lugar que Dios, que nos ama verdaderamente, tiene preparado más adelante.
En algunas ocasiones, viendo la vida de un hijo tan amado como fue Pablo para el Señor, más que amor pareciera que Dios lo maltrataba. Pero la realidad es que todo lo que él vivió lo acercó más al corazón del Padre y encontró una dimensión espiritual y de luz que no sólo lo llevó a vivir una vida profundamente plena y de gozo, sino que el fruto de esa disciplina aún se sigue comiendo por multitudes y generaciones en todo el mundo. Nunca olvidemos que ni sus caminos ni sus pensamientos son como los nuestros.