Muchos son, Señor, mis enemigos; muchos son los que se me oponen, y muchos los que de mí aseguran: «Dios no lo salvará». Selah.
Salmo 3:1-2 NVI
En ocasiones leemos Salmos como este y pensamos qué buena pluma y capacidad de expresar emociones y vivencias. Pero no olvidemos que estos Salmos se escribieron a causa de una situación concreta, en la que el salmista estaba inmerso.
En este caso, David estaba huyendo de su hijo Absalón, y qué angustia, cargada de emociones pesadas y contradictorias, tuvo que vivir David en esos momentos. Pero Dios, en su sabiduría, permitió la crisis y el quebranto de otros para que podamos tener un espejo en donde mirarnos.
Hay horas en la vida donde nos sentiremos como David en este Salmo; de pronto entras en una estación donde los enemigos se multiplican y los problemas se suceden sin que tú puedas evitarlo.
No tardará en venir el susurro que David escuchó:
«Dios no va a poder salvarte en esta ocasión». Pero los Salmos también nos cuentan el final de muchas de estas historias y, sin duda, Dios nunca llega tarde, dándole sentido a todo.
Los momentos de intensa crisis, sí o sí, vendrán a lo largo de nuestra vida. Usemos los Salmos para encontrar consuelo y esperanza, y quién sabe si Dios permite que tu propia experiencia se convierta en un Salmo vivo, en donde otros puedan encontrar también consuelo.
