Escribió también Pilato un título, que puso sobre la cruz, el cual decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS.
SAN JUAN 19:19 RVR1960
Los reinos y gobiernos de la tierra se van sucediendo unos a otros; cuando un nuevo reino se instauraba o un gobierno entraba, su rey o dirigente se presentaba ante su pueblo o sus electores con la mayor de las opulencias, rodeado de marketing e inflado de orgullo por la victoria conseguida.
Jesús, estando en la tierra, anunció que el Reino de los Cielos había llegado y que se iba a ir asentando en los corazones de los hombres que quisieran reconocerlo como Rey y ser gobernados por su palabra.
Pero, llegado el momento en el que Dios lo presentaría al pueblo como Rey, no fue en la forma que ningún gobernante lo hubiera hecho.
Crucificado, humillado, despojado de sus ropas y con una corona de espinas. Pero el título estaba sobre Él y aún hoy sigue resonando: «Jesús Nazareno, Rey de los Judíos».
Pero los que hemos visto que Él es el verdadero Rey, pues entró no imponiendo, sino amando y sacrificando su vida por su pueblo, pagando con su sangre por su libertad y sustituyéndolo en su juicio por su pecado.
Los que vemos hoy a ese Rey, nuestro Rey, Jesús, nos rendimos de corazón ante la belleza y gloria de su gobierno y amor por nosotros, su pueblo.
Vivimos este tiempo en el anticipo del Reino Eterno e inconmovible, y sabemos que veremos a Jesús ya no en una cruz, sino en un trono de gloria, el único trono que permanecerán eternamente, el trono de Dios.
