Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los cuidaba en tu nombre; a los que me diste, yo los cuidé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliera.
San Juan 17:12 RVC
El cambio de apellido en Judas a “hijo de perdición” no fue un accidente, sino grietas que no se fueron reparando a tiempo y a través de las cuales Satanás encontró ese lugar, el cual Pablo nos exhorta a no dárselo. Dice el texto: “Como el diablo ya había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, que le entregase”.
Cuando el corazón es llenado de algo, acaba volcándolo en acciones. En este caso, seguro que estaba lleno de razones y argumentos, pues cuando se escucha la voz de la serpiente, ni el amor del maestro, ni su plan, ni tu deber con el resto de discípulos, ni los años invertidos en el servicio tienen importancia; esa voz parece llenar tu realidad y desechar la verdadera.
Pero cuidado, pues esa serpiente sigue en misión y sigue buscando grietas en los corazones de discípulos que aún atesoran motivaciones, planes y un YO capaz de escuchar lo que quiere e interesa escuchar. Reparemos las grietas y atendamos sólo la voz del maestro y dueño del jardín, y no la de la serpiente intrusa, si es que no queremos acabar con un apellido cambiado, como a Judas le ocurrió.
