Que llene de luz los ojos de vuestro corazón, para que conozcáis cuál es la esperanza a la que os llama, qué inmensa es la gloria que ofrece en herencia a su pueblo.
EFESIOS 1:18 BLP
El corazón tiene un lugar donde hay un trono, y según a quiénes sentemos allí, nos dirigirá en todas las formas de la vida: tiempo, fuerzas, dinero, metas, afectos, en una dirección u otra.
Pero aunque no nos lo creamos, el corazón tiene ojos, y es a través de estos que se alimenta de lo que cree que le va a hacer pleno, feliz y dichoso. Ya en una época que no era ni analógica, Pablo oraba dando la fórmula de lo único que podía hacer a los ojos dejar de divagar y encontrar aquello que el corazón buscaba, y esto era la revelación de Cristo, su amor, su obra y propósito en nuestras vidas. Si los ojos realmente se posaban en esto, el viaje hacia la vanidad se detendría y quien debía ocupar el corazón lo haría, trayéndole bienaventuranza y sentido.
Por ello, el enemigo, sabedor de la realidad de esos ojos, está saturando la visión de esta generación digital con una infinita cantidad de vídeos e imágenes que lo único que hacen es llenar de humo el corazón y de necedad el trono, llevando a quien le da lugar a una vida líquida, sin fundamento y con propósitos rápidos y temporales. Oremos y ayudemos a esta generación a cambiar de lugar donde poner sus ojos y a ver lo que Pablo sabía que era lo que verdaderamente el corazón busca, pues para eso fue diseñado.
