Y otra parte cayó en tierra buena y dio fruto, algunas semillas a ciento por uno, otras a sesenta y otras a treinta.
Mateo 13:8 LBLA
En ocasiones hemos escuchado esta historia con la perspectiva de que la buena tierra se da en una ocasión y para siempre.
Pero, si vamos a la realidad natural, la tierra que hoy es útil, aun partiendo de las condiciones adecuadas para serlo, si no es cuidada y preparada en cada cambio de estación, corre el peligro de endurecerse y volverse infructuosa.
Pero esto también lo he visto en mi propia vida y experiencia pastoral. No pasa de un día para otro, pero, cuando se deja de prestar atención al corazón, se descuida, no se corta la mala hierba, no se nutre la tierra, dejamos que nos dejen basura y piedras en nuestra parcela, e, inevitablemente, nuestra vida puede entrar en una estación peligrosa y sin fruto.
Pero hoy es el momento de preparar esa estación de fruto que Dios quiere que demos por la poderosa y gloriosa semilla que vive en nosotros. Dependiendo de cómo lo hagamos, daremos el 30, el 60 o el 100 por cien de fruto para Dios.
Aprovecha este verano para dejar a Dios trabajar profundamente tu tierra, nútrela, quita esas hierbas que no deben de estar ahí, pide la ayuda de otros en donde puedas necesitarlo, pero prepara con intención de ser la mejor tierra posible como una ofrenda de fruto para Dios.
