Pero Rut le dijo: —¡No me obligues a abandonarte y separarme de ti! A donde vayas tú, iré yo; y donde vivas tú, viviré yo. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios será mi Dios.
Rut 1:16 PDT
Noemí estaba retomando su fe en pasos de obediencia y determinación. Después de algunos años junto a ella, Rut se siente impactada y atraída por esa fe real y dispuesta a asumir cualquier consecuencia.
Es entonces cuando le declara:
"Tu Dios será mi Dios".
La gente está buscando dioses a los que dedicarle su vida y en los que poner la esperanza de encontrar significado, plenitud y vida. Cada día las pantallas nos saturan de los dioses de otras personas en forma de: fama, dinero, cuerpos, influencia, placer, talento, pecado, títulos, etc.
Muchos, al contemplarlo, dicen en sus corazones que esos dioses serán sus dioses. Lo trágico es que ninguno de esos dioses dará lo que promete, al contrario, terminarán dañando. Pero ¿por qué no plantearnos vivir una vida de fe seria y sin intimidación, para ganarnos el respeto de los corazones de los que nos rodean, no por nuestra religiosidad, sino por nuestra sinceridad y lealtad a Jesucristo?
Aunque en el momento puedan reírse o alejarse, en el fondo los corazones están buscando gente que crea con firmeza y convicción. Dios nos ayude a levantarnos en medio de una generación huérfana espiritualmente, y que, como Rut, al mirarnos puedan llegar a decirnos: "que nuestro Dios será su Dios".
Por ello debemos de levantarnos como Noemí de nuestro letargo y empezar el camino hacia la Jerusalén espiritual.
