No necesitaba atender el jefe de la cárcel cosa alguna de las que estaban al cuidado de José, porque Jehová estaba con José, y lo que él hacía, Jehová lo prosperaba.
GÉNESIS 39:23 RVR1960
Siempre nos llama la atención esa reseña que da el texto sobre que "Dios estaba con José".
Pero este texto también nos da la clave del porqué Dios podía colaborar tan activamente en y a través de la vida de José, a pesar de las circunstancias. Si hay algo que va a estorbar el obrar de Dios a través de nosotros, en medio de nuestras familias, congregación y resto de relaciones, es el YO que todavía queda vivo en nosotros. Aquí encontramos la prueba viva de lo que Pablo expresaba cuando decía:
"Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo."
Las circunstancias no podían ser más lúgubres y adversas para José, en una cárcel y sin una posible esperanza humana. La respuesta de un yo vivo hubiera sido: la queja, el resentimiento, las malas actitudes y las formas negativas de comportamiento. Pero José, sin ninguna razón externa, cada día hacía, con la mejor de las sonrisas, todo aquello que se le había encomendado, y personalmente creo que lo hacía como una ofrenda para el Señor.
Con un yo crucificado de esa manera, no es de extrañar que Dios pudiera desplegar su gracia y favor diariamente.
No bajes la guardia y estate atento a las manifestaciones de queja, ira, enojo, contienda, rebeldía y tantas otras que emergen de nuestro corazón cuando las cosas no salen como quisiéramos.
No intentes maquillarlas y llévalas al Señor con un corazón pobre, que reconoce que no tiene la capacidad para poder cambiarlas. Busca que Cristo viva en ti y verás cómo el Dios que estaba con José también estará contigo, aun en las circunstancias más oscuras.
